UN VIAJE POR LAS AZORES

Cola de cachalote y volcán de Pico. Fotografía de MS tomada desde la zodiac.

Cola de cachalote y volcán de Pico. Fotografía de MS tomada desde la zodiac.

Siempre que me descubro disfrutando sin buscarlo del aire que respiro, me traslado de inmediato a tres lugares: La Gomera, Nueva Zelanda y Açores.

 Hoy quisiera recordar este último. Te invito a compartirlo con este fado.

Meu Fado, Meu.

Traigo un fado en mi canto
Canto de noche hasta que salga el dia
De mi gente traigo el llanto
Y en mi canto, traigo la Mouraria

Me hacen falta quién un día yo fui
Y aquel amor, a quién más amé
Yo canto un pais sin fin,
El mar, la tierra y mi fado
Mi fado, mi fado, mi fado

En mi ser solo hace falta yo
La dueña de mi vida
Y de un sueño, el cual llamo mio
Me doy, así, por nacida

Traigo un fado en mi canto
Que en mi alma sigue guardado.
Viene desde del hondo de mi espanto
Esa busca por mi fado
Mi fado, mi fado, mi fado.

 Mariza dos Reis Nunes.

Lagos formados en cráteres volcánicos en la isla de Faial.

Lagos formados en cráteres volcánicos en la isla de Faial.

La Región Autónoma de Azores está compuesta por 9 islas, a 1.500 kilómetros de Lisboa, en medio del Atlántico.

Cuando planeaba mi viaje a este rincón, me encontraba un poco perdida. Hay que tener mucho tiempo y dinero para recorrer 9 islas, sin embargo, se hacía difícil cómo elegir entre ellas. San Miguel, por ser la mayor, las del norte, las del sur… Finalmente, decidimos visitar el Archipiélago central: Faial, Pico y Sao Jorge.
Para llegar a Azores volamos hasta Lisboa y desde allí, tras un vuelo de alrededor de dos horas y media, aterrizamos en Horta, la capital de Faial.
Buscamos el vuelo en la TAP, compañía portuguesa, que ofrece conexiones entre todas las islas y que aún mantiene la sana costumbre de invitarte al desayuno o la comida y hacerte más placentero el vuelo.
En el aeropuerto de Horta.

En el aeropuerto de Horta.

No hace falta pisar tierra açoriana para percibir el afable carácter del isleño. Junto a mí, una chica de San Jorge, Sussete, leía una revista que no dudó en compartir. Tras una breve charla con alguna pequeña dificultad por el idioma, emocionada por las ganas que teníamos de conocer su tierra, no dudó en ofrecernos su compañía. Días más tarde, disfrutaríamos en la casa de sus padres en Calheta, de un delicioso Caldo Verde.
Obrigada Sussete.
El aeropuerto de Faial huele a campo y el mugido de las vacas que pastan tranquilamente pegadas a las vallas que rodean la pista te da la bienvenida.
Un taxi nos acerca hasta Horta, donde nos alojábamos en el recomendable Faial Resort Hotel, con unas vistas inmejorables y una relación calidad precio que ya quisiéramos encontrar en el resto de Europa. El camino es excitante, esa paz, ese olor, esas hortensias salvajes que se comen la calzada, esas casitas blancas…Ansiosa por llegar, dejar la maleta y salir a descubrir.
Podría pararme a intentar describir cada uno de los pueblos de estas islas. Pero no sería una buena idea. Lo que les une, es la sensación de paz y libertad. Parece que el tiempo se para. La primera tarde, caminé hasta la playa. Atardecía, el cielo se pintaba como en una acuarela, no se oía ni a las gaviotas, sólo el suave roce del agua en la arena. En ese momento, sólo escuchas lo que llevas dentro. Te cuesta hasta respirar. Entonces hay que sentarse e hinchar pulmones. El resto, viene solo.
Atardecer en Horta.

Atardecer en Horta.

Horta es un pueblo pesquero en el que hay tres cosas que no te puedes perder: una ya te la he contado ( la puesta de sol), la segunda es navegar al encuentro de delfines y cachalotes con el volcán de Pico como telón de fondo y, la tercera, una tapita de queso y un buen pescado en el café de Peter.
Lección de vida por Tomasinho.

Lección de vida por Tomasinho.

Como en casi todas las islas, hay que alquilar coche, y sin gran definición, a recorrer. En Açores, el camino es tan bonito como el destino, y entre tanto, lagos volcánicos, calderas, flores y más flores.
Caldera volcánica en la isla de Faial. Fotografía de MS.

Caldera volcánica en la isla de Faial. Fotografía de MS.

En el puerto de Horta hay muchos puestos donde puedes reservar una excursión para ver cetáceos: cachalotes y delfines. Al menos eso es lo que anuncian. Yo pienso, que lo que harás es mucho más grande que eso. Zodiacs o lanchas (según la compañía, la lancha se mueve menos, pero la zodiac se acerca más) te llevan mar adentro, a la espera de que lleguen. Y pasa así, simplemente llegan. Y de repente mientras te encuentras intentando equilibrar el meneo de las olas en tu estómago cuidando de que no se te caiga la gorra… aparece. Una mancha gigante, como una islita, a tu lado, se asoma tres veces, y entonces, saca la inmensa cola, y vuelve a sumergirse. Aún con el subidón, algunos gritos te obligan a mirar al otro lado y, allí, un escuadrón de unos 50 delfines, te saludan con sus piruetas a toda velocidad.
Una vieja hippie con trenzas sentada delante de mí se levanta emocionada y abriendo los brazos al cielo grita : “Thank you dolphins!!! I love you!!!!”, mientras nuestro simpático capitán sonríe y nos pregunta : Do you like views from my office??
Desfile de delfines.

Desfile de delfines.

En Faial se encuentra además el museo del ballenero. La caza de ballenas fue una importante fuente de ingresos en esta región. Ellos hablan de una caza”ecológica”, en el sentido del hombre contra el animal, sin artificios, sin superioridad, con alto índice de mortalidad. De las ballenas querían su aceite. La carne, la tiraban al mar, siendo pasto de tiburones, que entonces, llenaban la costa.
Como curiosidad, contaros que el aceite que se encuentra en la cabeza del cachalote es el más caro del mundo, y se ha utilizado para engrasar los mecanismos de los relojes más sofisticados.
Por si fuera poca la aventura,ya en tierra firme y tras un Seven Up (nada me ayuda más a recuperarme del mareo), nos vamos a recorrer el túnel volcánico. ¿Nunca has visto una Monna Lisa tallada en la piedra por la lava? Pues yo sí. Allí.
Atardecer desde las viñas en Pico. En busca del rayo verde. Llegó.

Atardecer desde las viñas en Pico.
En busca del rayo verde. Llegó.

Tras varios días, tomamos el barco rumbo a la isla de Pico, la segunda más grande del archipiélago.
Si tuviera que decir una cosa mala de las Azores, no lo dudaría un segundo. Los trayectos en barco entre las islas. Las maletas se dejan en una caja que sube una pequeña grúa a cubierta y luego, esas cáscaras de nuez, en ese océano Atlántico…Una Experiencia (con mayúsculas).
Llegamos a Pico con ganas y maleta y sin coche ni cama. Pero eso allí, no importa.
Molino en las viñas y volcán de Pico.

Molino en las viñas y volcán de Pico. Mi primera mención de fotografía. Concurso Click Açores.

Una torre de apartamentos que no nos resultó muy atractiva te hace sombra al llegar.
En la oficina del muelle, nos dieron una hojita con números de casas particulares que, de manera controlada, ofrecen alojamiento a turistas.
Y allí que fuimos, a la casa de la Yaya, a dormir al arrullo de un loro de punto de cruz, a desayunar junto a las fotos de las bodas ochenteras de sus hijos y a tender la ropa mientras el abuelo miraba a hurtadillas tras una cortinilla de macarrones.
Al día siguiente, alquilamos nuestro coche en la ferretería del pueblo,  Maddalena, la capital.
Y a descubrir Pico en el día más bonito que ha tenido. Ni una nube hacía sombra. El azul del cielo parecía coloreado y el volcán dejaba ver hasta su piedra más alta.
Pico, así se llaman los 2.352 metros de volcán, pico más alto de las Azores, y de todo Portugal.
(¿Os habéis dado cuenta de cuánto se parecen las Azores y Canarias?)
Volcán de Capelinhos

Volcán de Capelinhos

En Pico no hay que pederse el volcán de Capelinhos (con parada en el bar El Fin del Mundo, donde hay fotos anteriores a la erupción de 1957), un ascenso al volcán y un paseo por las viñas. Hay además un pequeño caserío Patrimonio de la Unesco rodeado de viñas cultivadas entre surcos de piedra que las protegen del viento. Mecanismo similar al de la Geria de Lanzarote.
Faro junto al Volcán de Capelinhos en la zona afectada por la erupción.

Faro junto al Volcán de Capelinhos en la zona afectada por la erupción.

De Pico me he traído el rayo verde del Sol cuando se pone en el mar, el Queijo do Pico, y mi primera mención en un concurso de fotografía.
Finalmente y, tras otro aún más amargo paseo en barco, llegamos a la Isla de Sao Jorge, a su capital, Velas (que pena que no podáis escuchar mi magnífico acento portugués).
Chapuzón en el descenso a Fajá do Santo Cristo.

Chapuzón en el descenso a Fajá do Santo Cristo.

En esta Isla es imprescindible serpentear por sus laderas y darte un chapuzón en las charcas que encontrarás en cualquier momento. Por favor, no te pierdas por nada salir a caminar hasta el Fajá do Santo Cristo, donde una laguna de agua dulce junto al mar es dueña de las almejas más grandes que jamás he visto. Es un paisaje increíble. Esa planicie en el bajo de la montaña. Pocos lugares hay mejores para perderse.
No olvides tampoco degustar un buen pescado en Calheta de Velas, desde donde también se contempla espectacularmente el volcán de Pico y visitar el Pico de la Esperanza.
Agua y verdor en los caminos de Sao Jorge.

Agua y verdor en los caminos de Sao Jorge.

RECOMENDACIONES FINALES
Es un viaje que tu cuerpo y tu espíritu te agradecerán por mucho tiempo.
Es un lugar que te lo pone todo muy fácil.
No necesitas gestionar antes de llegar las reservas para ver las ballenas. Hay muchos barcos que salen a diario. Has de informarte al llegar en los puertos de varias de las islas. La limitación la ponen los propios animales, depende de ellos querer dejarse ver. para eso, existen puestos de Whale Watchers que van informando en tiempo real.
La mejor forma de encontrar un rent a car, un hotel, un lugar, dónde comer…es preguntar. todo el mundo está disponible para ayudar.
Dormir y comer es bueno, bonito y barato.
Sólo recibes sonrisas de la gente.
Pero antes de ir, has de tener en cuenta un gran inconveniente: cada vez que te pares a recordar estas islas, algo se te remueve por dentro y querrás salir corriendo hacia ellas. ¿Saudade? ¿Morriña?
Yo vuelvo con Meu Fado.
Hasta pronto,
Ayarí
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6 pensamientos en “UN VIAJE POR LAS AZORES

  1. Estuve en San Miguel en mi luna de miel (hicimos un combinado madeira-azores) y espectacular.

    Vistas, lagos, tranquilidad, precioso…

    Un saludo

  2. pués el relato es sugestivo,si ya tenia ganas de ir a esa traquilas y bellas islas ahora ya quisiera salir mañana.y como no me apunto a ir por mi cuenta.

  3. Has conseguido que me sumerja en tu viaje y en esos paisajes que tan bien describes. No sé porque, pero mientrás leía tu relato he sentido cerca de mi a mi padre (que en paz descanse). He conseguido transladarme espiritualmente a las islas Azores y ahora ya sé que un día me iré a explorarlas, siguiendo tu consejo. Te lo agredezco, siento como si hubiera estando meditando un cuarto de hora. Saludos desde Viena, Austria.

¡Me encantaría saber qué te parece, opina aquí!

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